José
Blanco
Pemex y Pidiregas
Fuente:
CNEE-sur.net
(6/05/08)
•
Escribo como un ciudadano que carece de
conocimientos técnicos específicos sobre la problemática petrolera y
sobre la empresa pública Pemex, pero que entiende que tales
conocimientos no son necesarios para fijar una posición sobre lo que
debiera ser la reforma de esta empresa nacional.
Es inútil que algunos funcionarios nos digan lo que hacen otras
empresas públicas petroleras de otras naciones. Nuestros problemas
son nuestros y tienen que ver con una historia nacional.
México es un país subdesarrollado, por su nivel de PIB per cápita,
por su bajísimo nivel educativo medio, por su pobre infraestructura
productiva nacional, por la fragilidad inmensa de sus instituciones,
por la baja calidad de sus líderes políticos, por la amplitud de la
proporción de la pobreza y la pobreza extrema y, sobre todo, por el
grado sin igual de su desigualdad social y económica.
Seguramente la mayoría de los mexicanos ven en Pemex la mayor fuente
potencial de recursos para enfrentar las desdichas referidas. Sólo
por esa razón, los mexicanos no entenderían una reforma que
implicara compartir las reservas de crudo con los inversionistas
privados ni mexicanos ni extranjeros. Y seguramente quieren una
reforma que haga posible que los ingresos generados por Pemex sirvan
al mismo tiempo –en los plazos necesarios– para recapitalizar la
empresa, expandirla, no importar gasolinas, generar cada vez mayor
número de productos de la petroquímica secundaria, así como el
establecimiento de otras políticas que impactaran directamente en el
desarrollo de la economía nacional.
Muy probablemente quienes están cerca de Pemex, ya dentro de la
empresa, ya fuera de ella, vean un exceso desorbitado en la demanda
que he formulado. Pero muchos mexicanos no cejarían en el empeño de
que eso fuera posible. Informes recientes, de fuentes diversas, dan
cuenta de una deuda de Pemex que, se diría, habla de una
imposibilidad absoluta para ver en la empresa esa fuente de recursos
para el desarrollo.
En diciembre de 1995, el Congreso reformó la Ley de Presupuesto,
Contabilidad y Gasto Público Federal, así como la Ley General de
Deuda Pública en sus artículos 30 y 18, respectivamente. Estas
reformas posibilitaron una nueva forma de endeudamiento para Pemex y
para la Comisión Federal de Electricidad: los proyectos de impacto
diferido en el registro del gasto, conocidos como Pidiregas (ya sabe
el lector que los financieros siempre quieren aparecer como
poseedores de recónditos saberes que no están al alcance de los
mortales; así, suponen, es más fácil hacer de las suyas).
De acuerdo con la Secretaría de Hacienda, los Pidiregas tienen el
propósito de contar con un medio para realizar inversiones en
proyectos de infraestructura productiva de largo plazo. Una empresa
nacional o extranjera realiza una obra de infraestructura para Pemex,
a crédito, y se vuelve un pasivo para la empresa. Si el gobierno
federal comete una exacción sin medida con ésta –como ha hecho
históricamente– no tendrá con qué amortizar sus deudas y, una de
dos: o cada año el Presupuesto de la Federación asigna recursos a
Pemex, entre otras cosas para pagar esas deudas en los plazos
establecidos, o la empresa tiene que renegociar sus deudas, alargar
los plazos de amortización, por ejemplo, con el consecuente
crecimiento del costo de esa deuda.
Cuando una empresa refleja en su balance un crecimiento de sus
pasivos, porque los recursos así obtenidos sirvieron para obtener
activos (obras de infraestructura, por ejemplo), la cifra del pasivo
se debe mostrar igualmente en el activo. Pero cuando se nos dice que
Pemex ha adquirido deudas en Pidiregas, por más de un billón 618 mil
millones de pesos, que superan en 30 por ciento el valor actual de
la propia empresa, algo está tan “podrido en Dinamarca” que nunca
los ciudadanos hemos podido saber el negro fondo que debe tener esa
realidad. Si el endeudamiento sirvió para financiar activos,
entonces lo que eso quiere decir es que los pasivos de la empresa
superan el patrimonio de Pemex. Es decir, que en los hechos los
acreedores son “más propietarios” de la empresa (de sus activos) que
la nación (propietaria del patrimonio de la misma). Si se tratara de
una empresa privada, diríamos que los pasivos son mayores que su
capital o, lo que es lo mismo en los hechos, los acreedores en
conjunto son “más propietarios” de esa empresa que los accionistas
dueños del capital de la misma.
La sociedad requiere que Pemex formule un estado de origen y destino
de los recursos, año por año; segundo, la primera medida de
saneamiento de la empresa es que su deuda en Pidiregas se convierta
en deuda sans phrases del gobierno federal, y se transparente en
todos sus términos el estado de las finanzas públicas.
Realizada esta limpieza financiera en Pemex, la reforma fiscal de la
misma empezaría por cesar la exacción a que ha estado sometida, y es
entonces cuando la empresa estaría en condiciones de comenzar a
operar competitivamente a nivel internacional.
Por supuesto, aquí me he referido sólo a un rubro del maremágnum
financiero de Pemex. Si el erario deja de recibir los cuantiosos
recursos que quita a Pemex, no tiene más remedio que llevar a cabo
esa reforma que el país pide a gritos hace medio siglo.