Sobreaviso / Fox a fondo perdido
Fuente:
UNTCIP.net
(27/11/06)
René Delgado
No hay por qué mostrar asombro. Vicente Fox era y es una inversión
política a fondo perdido. Y, a veces, es preciso realizar ese tipo
de inversiones para conquistar un objetivo.
Hubo momentos -es menester reconocerlo, a manera de autocrítica- que
Fox hizo creer que el fondo de la inversión no se perdería del todo.
Vamos, que a partir de la alternancia se podría construir la
alternativa. No fue así. Hubo alternancia sin alternativa. Fox
careció de visión, educación, imaginación, decisión y equipo para ir
más allá de la hazaña de derrotar al Partido Revolucionario
Institucional. Se perdió. No supo armar un gobierno y mucho menos
salir de los colaboradores que, desde el inicio, dejaron ver cuán
incapaces eran. No salía de ellos, los premiaba.
La inversión se perdió, pero deja costos difíciles de subsanar
rápidamente. Como quiera, el objetivo principal del voto útil se
cumplió: desplazar del poder a la fuerza tricolor que, si bien tuvo
grandes logros en sus mejores momentos, su anquilosamiento y su
descompostura arrojaba de más en más saldos rojos, económicos o
políticos o bien combinados. Salir de una subcultura política con
más de 70 años, suponía esa inversión a fondo perdido.
Con todo y la desesperación de ver cómo se perdió el tiempo, el
saldo no es tan malo si se mira con los ojos puestos en la historia
y no en el sexenio.
...
El espléndido candidato presidencial Vicente Fox, se tradujo en el
pésimo gobernante.
Un hombre que confundió la popularidad con la gobernabilidad e hizo
de la ocurrencia, la frivolidad y la torcedura de los principios, el
recurso para disfrazar una profunda ignorancia y para encubrir una
profunda perversión política. Si con los A migos de Fox fue ingrato;
con quienes no lo fueron fue francamente pusilánime.
En su momento, la audacia de aquel candidato tuvo por virtud ofrecer
a sus simpatizantes y a quienes no lo eran, la oportunidad de
encontrar el instrumento para desalojar al partido tricolor de la
residencia oficial de Los Pinos. El voto útil tuvo y tenía ese único
sentido. Si la izquierda perredista y alguna porción del priismo,
así como "los ciudadanos profesionales" que siempre encuentran
acomodo hubieran sido generosos, es probable que los desvaríos del
presidente de la República se hubieran acotado y que de la
alternancia se hubiera desprendido la alternativa.
No hubo, sin embargo, esa generosidad y Vicente Fox no fue capaz de
entender algo sencillo. Algo que frecuentemente ocurre a los
mexicanos que al trasponer el umbral de la historia con su gloria,
se regresan al basurero de la historia con su inmundicia. Fox no
entendió que más allá de la derrota asestada al PRI, no había mucho
que hacer y, por lo mismo, cualquier cosa que hiciera resultaría tan
pequeña como importante.
La hazaña de Fox terminó el 2 de julio del 2000. No lo entendió y,
en vez de aprovechar la paz del triunfo para operar algunos cambios,
renunció a realizarlos. A partir del segundo trienio de su mandato,
eso quedó claro.
El mayor absurdo de Vicente Fox fue no entender un básico de la
política. La popularidad, como el ahorro, cobra verdadero sentido al
gastarlo con un claro propósito. No, Fox hizo de ella un tesoro que,
ahora, ni siquiera podrá exponer en su museo. La atesoró para nada.
Por eso se le identifica más con el no poder, que con el poder. El
crítico del populismo, era un populista que sacrificó acciones o
medidas duras, difíciles o dolorosas pero necesarias, en razón de su
popularidad. Cualquier caída en las encuestas, se subsanaba con una
lluvia de spots.
El candidato que todo lo podía, fue el gobernante que nada podía.
...
El otro error de Vicente Fox consistió en no haber integrado un
gobierno y, más tarde, haberse echado en brazos de un estrecho
círculo que cuando no anteponía la ambición personal, buscaba la
oportunidad del negocio, o bien, la ocasión de imponer una visión
sectaria y retrógrada.
Por eso, logros y fracasos de la administración son tan
contrastantes como desintegrados. El desempeño en la administración
dependió del titular del ramo correspondiente pero no de una idea o
concepto de gobierno. Por eso el fracaso de las negociaciones para
reformas estructurales, por eso el éxito del Seguro Popular, por eso
el fracaso de la reforma del Estado, por eso el éxito de la política
de vivienda... Por eso, algunas políticas fueron la simple
continuación de programas desarrollados por el PRI sin ni siquiera
reconocerlo.
No había gobierno, había funcionarios muy buenos y funcionarios muy
malos. La excepción de esa norma, probablemente, se dio en el campo
del acceso a la información. El impulso vino de la sociedad, no del
gobierno.
Tan dispareja composición, tan ausente Jefatura de Gobierno dio por
resultado una administración que avanzó y retrocedió en distintos
campos pero que, en conjunto, dejó pendiente la principal tarea:
asegurar la transición y consolidar la democracia.
En este punto, hay algo curioso. Antes de llegar a la mitad del
sexenio, Vicente Fox dejó ir a lo mejor del gabinete, luego los
reacomodos terminaron por descuadrar lo poco que quedaba y, más
tarde, el dejar que se desataran las ambiciones personales
bendecidas y maldecidas por el Presidente acabaron con la
posibilidad de hacer de la alternancia, una alternativa.
Hacia el final, el mismo Vicente Fox se desentendió de la
Presidencia para participar de lleno en la campaña electoral a la
que, increíblemente, él mismo dio el banderazo de salida el día que
se celebraron las elecciones intermedias. Tres años antes de
concluir el gobierno. Ahí, ya no hubo ni el menor recato. La señora
hizo del matrimonio la plataforma de la ambición y el capricho
personal o familiar, el precandidato no deseado fue echado del
gobierno, se torció el derecho para eliminar al adversario, se
sacrificaron tareas de gobierno para beneficiar al delfín que no
sabía nadar...
...
Puede gustarle o no a Vicente Fox, pero siempre se le tuvo como una
inversión política a fondo perdido. No se esperaba mucho de él, pero
tampoco que dejara al país en tan delicada situación política y tan
polarizada situación social. Ese es el costo no calculado.
Puede presumir Fox, no es broma, que no hizo nada. En la lógica de
algunos políticos, él incluido conforme a lo dicho a Joaquín López
Dóriga, lo importante no es provocar que sucedan cosas buenas sino
asegurarse que no ocurra nada malo. Puede él presumir eso, pero no
puede despedirse como un demócrata y menos como un hombre de Estado.
Vicente Fox despilfarró el bono democrático en vez de asegurar la
transición y consolidar la democracia. Perdió los hilos de la
política exterior. Desaprovechó la estabilidad económica para
emprender las reformas necesarias. Fue derrotado por el crimen
organizado, siendo que supuestamente ahí libraría la madre de todas
las batallas. Pero, sobre todo, encabezó, alentó y promovió una
polarización social que deja a un país socialmente desmadejado. Eso
no es de demócratas, menos de hombres de Estado.
Como quiera, la inversión política a fondo perdido tuvo sentido. Hay
que subsanar los costos cuanto antes. La memoria de Fox es la
alternancia, el olvido la alternativa democrática.