Nueva titular de Energía, promotora de
la integración a EU
Falso, que se requiera
inversión privada por el agotamiento de las reservas petroleras
SUSANA GONZALEZ G.
Fuente:
UNTCIP.net
(27/11/06)
Georgina Kessel Martínez, recién nombrada secretaria de Energía
Foto: José Antonio López
La próxima secretaria de Energía (Sener), Georgina Kessel Martínez,
sí es una técnica como se le ha presentado, "pero de las
privatizaciones", porque desde el gobierno del presidente Carlos
Salinas ha ocupado cargos públicos relacionados con la
desincorporación o venta de organismos estatales, como carreteras y
aeropuertos, y en Hacienda y Crédito Público (SHCP) estuvo
relacionada con la paulatina y creciente reducción de los recursos
oficiales a empresas estratégicas, en aras de una mayor
participación del sector privado.
La advertencia fue hecha por Sarahí Angeles Cornejo, especialista en
temas energéticos del Instituto de Investigaciones Económicas de la
UNAM, en una entrevista a propósito de la designación de Kessel
Martínez al frente de la Sener por el presidente electo Felipe
Calderón Hinojosa.
La investigadora cuestionó que oficialmente se haya ponderado el
perfil y experiencia técnica de la nueva secretaria para argumentar
que se mantendrá al margen de intereses y grupos políticos. "Kessel
no es ajena a compromisos políticos porque ella ha estado ligada al
equipo de Carlos Salinas de Gortari con Pedro Aspe, ha trabajado con
Ernesto Zedillo y también con el Plan Puebla Panamá, por lo que de
ninguna manera se puede deslindar su perfil técnico, pero técnico en
privatización."
Recordó que en países donde se ha llevado a cabo el esquema
privatizador del sector energético, como fue el caso de Perú, han
desaparecido los ministerios o secretarías de Energía y solamente
quedan las comisiones reguladoras de energías, instancia que, por
cierto, fue creada en México en 1994 (CRE) y en la que Kessel
Martínez fungió como su primera presidenta.
En tal sentido, la investigadora remarcó que la nueva secretaria no
es ninguna desconocida ni causa sorpresa su nombramiento porque
trabajó en la Unidad de Inversiones de la SHCP como encargada de
revisar los proyectos de inversión del sector público en general y,
en particular, de Petróleos Mexicanos (Pemex), la Comisión Federal
de Electricidad (CFE) y Luz y Fuerza del Centro.
"Pero lo que hizo desde ahí fue una reducción total de los recursos
públicos en el sector energético, al extremo de lo que se registra
en Pemex, donde menos de 10 por ciento es inversión pública y más de
90 por ciento es privada, vía Pidiregas". Además alertó que tampoco
se ha mencionado, pese a que resulta clave, el impulso que la nueva
secretaria puede dar a la integración energética promovida por
Estados Unidos.
Cornejo explicó que la tendencia privatizadora de la gestión de
Vicente Fox y que podría legalizarse con el gobierno de Felipe
Calderón ha sido justificada con un "terrorismo energético",
difundido por autoridades y sector privado en el sentido de que las
reservas petroleras se están agotando y que Pemex no puede seguir
produciendo a los mismos niveles, cuando en realidad todavía hay
abundancia de recursos por lo que buscan administrarlo por medios
privados.
"El mismo secretario de Energía, Fernando Canales Clariond, ha
reconocido que existen 100 mil millones de barriles de petróleo;
entonces hay recursos abundantes y ése es el motivo principal del
apoyo que ha recibido el grupo del próximo gobierno, por el interés
de llevar a cabo esta explotación petrolera pero legalizando la
privatización del sector que ya se ha venido dando".
La investigadora consideró que los nombramientos que Felipe Calderón
haga para las direcciones de Pemex y CFE sólo "redondearían" dicha
tendencia, y no descartó que desaparezca la secretaría de Energía,
cuya función es planificar y llevar proyectos de mediano y largo
plazos del sector energético.
Madre de todas las derrotas
Immanuel Wallerstein
George W. Bush es un jugador que apuesta fuerte. Cuando un apostador
así pierde, pierde en grande. George W. Bush ha perdido en grande.
En Irak y en Estados Unidos.
Cuando en 2003 Estados Unidos invadió Irak, parecía que, pese a su
avasallador poderío militar, podía perder la guerra. No tardó mucho
en darse cuenta que estaba perdiéndola. Estamos en un momento en que
Estados Unidos ha perdido la guerra, irremediablemente. El objetivo
estadunidense en Irak era instalar en el poder a un gobierno
estable, amigable, que le permitiera el asentamiento de bases
militares. Es claro ya que si es estable, no será amigable. Y si es
amigable, no será estable.
El 7 de noviembre, el Partido Republicano perdió las elecciones de
mitad del periodo. Como admitió el propio Bush, en todas las
cerradas competencias el margen fue estrecho, pero en lo general se
trató de un "golpazo". El grado del golpazo quedó subrayado por el
hecho de que, después de las elecciones, las encuestas señalaron que
Bush seguía cayendo todavía más.
La razón número uno fue el hecho de que casi todos los
estadunidenses sintieron que la guerra en Irak iba mal y querían
regresar a sus soldados a casa. Incluso en los distritos donde el
candidato demócrata no hizo de esto un punto de campaña, pesó en el
trasfondo. Sin duda hubo otras razones. Muchos votantes de centro
votaron contra la derecha cristiana, y el hecho de que algunos
candidatos demócratas asumieran una postura más centrista en los
aspectos "sociales", no les hizo daño.
La pregunta es qué va a pasar ahora. Bush no es, y no ha sido, un
ideólogo. Es un pragmático político de derecha, que hace lo que
piensa necesario para ganar elecciones. Ha sido muy bueno en esto, y
está consciente de los errores que cometió en años recientes, no en
lo geopolítico (donde básicamente no entiende nada y le importa muy
poco), sino en la política estadunidense, donde le dieron un
"golpazo". Se está ajustando. Despidió a Donald Rumsfeld, puso en el
asiento trasero a Dick Cheney y no hay duda de que siguiendo el
consejo de Karl Rove pidió ayuda de la vieja ala "realista" del
Partido Republicano: su padre, James Baker y el entrante secretario
de la Defensa, Robert Gates. Confía coptar al liderazgo demócrata
hacia su revitalizada vena bipartidista.
¿Puede hacerlo? Específicamente, ¿qué puede hacer respecto de Irak?
¿Y qué puede hacer acerca del avance de los demócratas? La respuesta
más corta sobre Irak es que es difícil vislumbrar algún modo para
desembrollar con elegancia a Estados Unidos, y a él mismo, del
fiasco de Irak. La comisión Baker-Hamilton pronto nos hará saber qué
"nuevos derroteros" avizora, pero dudo que pueda concretar algo que
funcione.
Algunas personas hablan de dividir Irak en tres partes. Este no es
un punto de partida. Ni Turquía ni Irán pueden tolerar un Kurdistán
independiente, y los kurdos estarán mucho mejor con su actual
autonomía de facto que luchando en una guerra contra sus vecinos. La
mayor parte de la Chía no quiere un Estado aparte. Por una razón.
¿Para qué hacer un Chía-stán cuando pueden, mal que bien, dominar un
Irak unificado? Y, en cualquier caso, ¿qué pasaría con Bagdad? Y por
supuesto, los sunitas se oponen por completo. Así están todos los
vecinos de Irak, sin excepción. Y como hemos visto en Yugoslavia, la
separación en estados no pone fin a los conflictos étnicos; de
hecho, los agrava.
Básicamente, hay únicamente dos modos en que Estados Unidos puede
retirarse de Irak con muy pocas pérdidas adicionales de vidas y con
un mínimo daño político. Puede pedirle a Irán que sea su
intermediario para amortiguar el conflicto interno en Irak, lo que
podría funcionar. O, alternativamente, la facción Al-Sadr de la
Chía, y la resistencia sunita, pueden unir fuerzas en una plataforma
antiestadunidense y pedirle a Washington, con delicadeza, que se
vaya de inmediato (es decir, despedirlo con una patada), lo que
también podría funcionar.
Ninguna de estas alternativas es ni tantito del agrado de Bush o del
Congreso estadunidense. Pero estas dos alternativas representan
probablemente el mejor arreglo que, en esta etapa, puede conseguir
Estados Unidos. Cualquier otra vía seguramente conduce a un final
donde los helicópteros transporten a la gente fuera de la zona verde
a Kuwait.
Lo único seguro es que no habrá tropas estadunidenses en Irak
conforme nos aproximemos a las elecciones de 2008. Los votantes y
los militares lo dejaron claro en las elecciones de 2006. Por
supuesto habrá, a nivel masivo, un juego de echarse la culpa (entre
los republicanos en cuanto a quién perdió las elecciones de 2006, y
entre los demócratas y los republicanos al respecto de quién perdió
Irak). Pero la palabra en boca de todos es "perdió".
También podemos estar seguros de que bombardear Corea del Norte o
Irán está fuera de la agenda real (aun para Israel). Las fuerzas
armadas estadunidenses y el electorado no van a tolerarlo (ya no
digamos el resto del mundo). ¿Dónde dejará esto a Estados Unidos
como potencia mundial? Seguramente tendrá el efecto de darle un
fuerte empujón que lo haga irse hacia dentro. Ya vimos en las
elecciones de 2006 que muchos candidatos ganaron oponiéndose al
"libre comercio". Irak era una grosería. La tentación política será
poner énfasis en lo local. Uno de los principales efectos
colaterales será una notable reducción en el respaldo estadunidense
a la política exterior israelí, lo que será un apretón para Israel.
Los demócratas están unidos respecto a la legislación económica
interna (salarios mínimos más altos, una mejor y más costeable
atención a la salud, asistencia financiera a los estudiantes
universitarios). También impulsarán aspectos de ecología y avances
médicos (por ejemplo, la investigación en células embrionarias
procreadoras, conocidas como stem cells). Si los republicanos
esperan recuperar fuerza, tienen que mover en dirección centrista su
programa económico y su programa relativo a aspectos sociales.
El resultado, como ya es obvio, provoca un revuelo importante en el
Partido Republicano mientras lo reduce en el Partido Demócrata,
exactamente lo opuesto a lo que fue el caso en los últimos 10 años.
Y a principios de 2009, Bush se desvanecerá en la espesura, y será
recordado (si nos preocupamos) por ser el testaferro de la madre de
todas las derrotas en Irak, en el sistema-mundo, y en casa, para el
Partido Republicano.
Traducción: Ramón Vera Herrera