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Pemex, estrategia perversa

Fuente: proceso.com.mx
(14/09/05)


rosalía vergara/ apro

México, D.F.- El juego del gobierno federal en torno a Pemex y su endeble situación financiera es, lo menos, perverso.

Mientras que para fines prácticos y de cálculo político rechaza el nuevo régimen fiscal de Pemex aprobado por el Legislativo que, a final de cuentas, lo que busca es moderar la sangría de la paraestatal; a la sociedad el gobierno foxista le infunde la idea de que la crisis financiera de Petróleos Mexicanos podría propiciar la pérdida de este patrimonio y, ya en otra pista, a los empresarios les anuncia que el precio de la mezcla mexicana de exportación va al alza, pues hasta este martes había alcanzado los 51.69 dólares por barril.

En tanto, la extracción de crudo prosigue sin tregua, así como la importación de petroquímicos, los que dicho sea de paso, con la capitalización de la paraestatal vía el nuevo régimen fiscal, ésta estaría en condiciones de acercar al mercado interno.

Del mismo modo sigue latente el riesgo de los accidentes en ductos podridos, carcomidos, echados a perder, que transportan aceites, petroquímicos o crudo, y sobre estos mismos se cierne un nuevo peligro: la privatización.

Y es pertinente hacerlo notar, ya que según el anuncio que hizo el propio Vicente Fox el 4 de septiembre, habría la intención de incrementar el presupuesto para dar mantenimiento a los ductos, pero sería la IP la encargada de estas labores.

Así, el presidente comentó ese día que se debe “abrir la inversión privada para energía, abrirla para poder cambiar esos ductos de Pemex, que nos han provocado pérdidas de vida, pérdidas de matrimonios... (risas del auditorio), digo, patrimonios…”

Porque, según Fox, lo más sencillo es “iniciar licitaciones para que la inversión privada se ocupe de sustituir esos ductos, y cobre por transportación de petróleo o transportación de gas a Pemex”, como si ello no fuera ya una realidad palpable.

Y por dar un ejemplo, en estados como Veracruz o Tabasco, la paraestatal signa contratos con empresas extranjeras para dar mantenimiento a las instalaciones petroleras, incluyendo ductos.

Sin embargo, éstas ponen en riesgo a la población, pues contratan a gente necesitada pero poco capacitada para que realice trabajos de especialistas, mientras por otro lado despide a ingenieros petroleros o los jubila anticipadamente, a fin de llenar la nómina con gente cercana a los altos directivos del corporativo, aunque de esta industria poco conozcan.

Todo ello ocurre pese a que Fox alegue que dichas acciones no trastocan la soberanía nacional ni ponen en riesgo el control del Estado sobre este recurso estratégico.

Pero en un ejercicio al estilo del vocero presidencial --de rectificar la jornada siguiente los gazapos del mandatario--, quizá lo que Fox quiso decir es que no se pierde soberanía, ya que el crudo se encuentra debajo del suelo nacional.

Y tal vez en realidad crea que no se pierde el control de los recursos naturales, ya que quienes manejan los complejos petroleros son obreros mexicanos, subcontratados por empresas extranjeras para trabajar con ductos por donde circulan gases peligrosos, sin protección de ningún tipo ni garantías laborales, como ocurre a la fecha.

Finalmente es un verdadero misterio saber en qué está pensando el Ejecutivo al mandar mensajes que se contraponen al sano desarrollo de la paraestatal más importante del país, pero para especialistas, investigadores y los propios trabajadores esto no es otra cosa que vil privatización.

El mecanismo no sería nada nuevo: se trata de estrangular financiera y operativamente a Pemex, para que, milagrosamente –y cual superhéroe de cómic--, entre al rescate el capital privado –nacional o foráneo, da igual--, antes que la víctima fallezca por inanición.

O como en el caso del nuevo régimen fiscal de Pemex, en que se dio la razón a un grupo de gobernadores que protestaron por que dicha reforma, según ellos, “violenta el principio de división de poderes y afecta las participaciones federales a que tienen derecho las entidades”.

Pero ello no resolverá los problemas de fondo: a Pemex le urge solucionar una crisis financiera que se cristaliza en una deuda por 600 mil millones de pesos y un pasivo laboral que rebasa los 400 mil millones. ¿A qué le apuesta el aún jefe del Ejecutivo?

Dicen los clásicos que no se debe soslaya la historia, pues se corre el riesgo de repetirla. Ojalá no se olvide que México ya vivió una privatización petrolera, en la época porfirista –antecedente autoritario de la Revolución Mexicana--, porque representaría un grave retroceso económico, político y social para el país entero.

Y, como pintan las cosas, con el furor neoliberal y la irrupción de tecnócratas a las filas del gobierno federal, quién sabe cuántos años pasen para que, de nueva cuenta, un presidente emule lo que en su momento inmortalizó a Lázaro Cárdenas un 18 de marzo de 1938.

 



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