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¡La
UNIÓN en defensa de la Industria Petrolera de México y por el respeto de los
derechos humanos y laborales del trabajador de confianza!
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Presupuesto 2006 y Pemex
Fuente: terra.com.mx
(15/09/05)
Por: Dany Portales
Terra.- La semana pasada el Presidente Fox presentó su propuesta de
Ley de Ingresos y Egresos para el 2006 así como también “vetó”
(regresó al Congreso con observaciones para su revisión) la reforma
al régimen de PEMEX que en semanas pasadas había autorizado el Poder
Legislativo. Como ya es costumbre desde el sexenio de Ernesto
Zedillo, el Congreso y los partidos políticos de oposición se
apresuraron a criticar por todos los lados posibles ambas acciones.
La mayoría de los medios de comunicación y analistas políticos sólo
se han limitado a difundir esas críticas sin realizar un análisis
económico y financiero profundo del problema raíz que aqueja a las
finanzas públicas. Los legisladores son unos hipócritas de primera,
pues los verdaderos responsables de la parálisis del país son ellos,
que no aprueban ninguna reforma, y lo poco que aprueban sólo es para
su propio beneficio, como el aumento de más del 10% al presupuesto
del Poder Legislativo.
Mucha gente me ha criticado en los últimos 5 años porque he
atribuido la mayor culpa de la parálisis del país al Congreso y no
tanto a Fox y su gabinetazo. Varios no me bajan de filo-foxista y
panista. Nunca he negado que yo voté por Fox en el 2000 y que fui un
promotor activo del “voto útil” que, sin el cual, no habría habido
alternancia en Los Pinos, pero de eso a pasarle todo a Fox o
considerarme militante del PAN hay mucha diferencia. En varias
ocasiones, en este espacio, he criticado los terribles errores que
Fox y su equipo han cometido, que no son pocos. El principal, para
mi, es la debilidad que han mostrado para aplicar el Estado de
Derecho, la ley, ante situaciones de presión de grupos minoritarios
en detrimento del bien de la mayoría, como fue el caso de Atenco o
el más reciente flaqueo con la publicación de la Ley Cañera que
beneficia a un sector caciquil en perjuicio de los consumidores
mexicanos. Sin embargo, desde mucho antes de las elecciones del 2 de
julio del 2000, yo siempre tuve claro que los grandes cambios que
requiere este país, los popularmente llamados estructurales, son
responsabilidad casi única del Congreso, pues, todos y cada uno de
ellos, requieren cambios profundos en nuestras leyes y en la
Constitución. Ninguno de esos cambios sucederá por deseo o trabajo
del Poder Ejecutivo, mucho menos con un Congreso mayoritariamente
opositor.
De hecho, cuando he criticado al Congreso por no aprobar (y a veces
ni siquiera discutir) alguna propuesta de Fox, no lo he hecho
pensando que la iniciativas del Presidente son perfectas y deben o
debieron aprobarse tal cual, sin modificarle ni una coma. No, los
critico porque el Congreso en México tiene la capacidad de generar
sus propias iniciativas, de crear las reformas sin esperar a que el
Presidente les proponga algo o les diga el rumbo. A mi no me
interesa que aprueben la reforma fiscal de Fox, o su propuesta
energética o laboral, no, me interesa que se hagan cambios en esos
temas, cambios progresistas, modernos, que generen el marco
estructural que potencie el crecimiento y competitividad del país.
Los partidos políticos de oposición, y sus representantes en el
Congreso han hecho tal ruido en los medios, que todo lo han resumido
como que al Presidente le faltó operación política, negociación, con
el Legislativo. ¿Será? Las negociaciones, los acuerdos, nunca son
unilaterales, siempre se dan entre dos o más personas o grupos. Si
no hay acuerdos, compromisos, los responsables del fracaso son todos
los participantes. Sin embargo, la mejor prueba para evidenciar que
la mayor responsabilidad del fracaso ha estado del lado del Congreso
se da en un tema de forma y no de fondo, en un asunto que nada tiene
que ver el Presidente y que sólo atañe al Legislativo: La reforma a
su Ley Orgánica y el formato de los informes presidenciales.
Todos los años leemos y escuchamos las críticas de los partidos de
oposición sobre el formato del informe, su obsolescencia. Este año
no fue la excepción y la novedad es que el Presidente no dio un
informe sino un discurso político y todos ofendidos, que “dónde
estuvo el informe” y no se cuantas necedades más. ¿Por qué, si todos
están de acuerdo en que el formato del informe presidencial ya no
responde a la situación actual del país, de la pluralidad política,
no se ha reformado la Ley Orgánica del Congreso para permitir que el
Presidente asista a escuchar los planteamientos de todos los grupos
parlamentarios? ¿Por qué el Congreso no modifica esos reglamentos
para exigirle al Ejecutivo que tiene que dar un informe como debe de
ser, con cifras reales, buenas y malas, y que responda preguntas
directas de los legisladores? Todo esto esta a discusión también
desde la segunda mitad del sexenio zedillista y ya mero se acaba el
de Fox y todo sigue igual. Para mi es más que evidente que el
problema de falta de acuerdos, de inoperancia política, de
ineptitud, de excesivos intereses particulares y de grupo está mucho
más fuerte entre los legisladores que en el Presidente. De hecho,
siendo estrictos legalmente hablando, el Presidente de México tiene
muy poco poder, tiene un margen de acción sumamente acotado, casi
sólo se limita a ejecutar lo que el Congreso le ordene. Lo que pasa
es que históricamente estamos acostumbrados a un presidencialismo
exacerbado, con un Congreso mayoritariamente leal y subordinado al
Ejecutivo, por lo que todo mundo cree que lo bueno o lo malo que
sucede en éste país, lo que se hace o se deja de hacer, es
responsabilidad del Presidente. Ya no es así.
Por eso me parece ridículo que los Legisladores ahora se sientan
ofendidos porque se “vetó” la reforma del régimen fiscal de PEMEX.
Sin lugar a dudas se requiere dicha reforma, eso no esta a
discusión. El problema radica que no se puede cancelar o disminuir
ese ingreso a las arcas federales sin compensarlo de alguna forma o
reduciendo drásticamente el gasto. Buena parte de los problemas que
México tiene y que requieren recursos económicos para su solución
son interdependientes, es decir, no se podrán solucionar de manera
independiente, pues asignarle recursos a algo repercute en la
disminución a otro rubro. Esto no lo han podido o querido entender
los políticos, los legisladores y por eso muy poco se ha hecho para
realizar los cambios estructurales.
Por ejemplo, el problema puntual de los altos precios del gas
natural que están afectando a muchas empresas y familias. Desde 1992
el gobierno usa una fórmula para fijar el precio del gas natural
para cada mes conforme a la cotización promedio de los últimos 10
días del mes anterior en Texas. Hace 10 años cuando los precios del
petróleo estaban por los suelos, nadie se quejaba, todo mundo estaba
contento pues el precio del gas era barato. Sin embargo, los
energéticos son muy volátiles, y en la presente década los precios
han tendido a la alza. Ahora todos se quejan, quieren subsidios o
que PEMEX cambie la fórmula. Aunque PEMEX importa mucho gas natural
a precios del sur de Texas, la mayor parte del hidrocarburo se
produce en México y el costo promedio de producción es, estos
momentos, aproximadamente 4 veces menor al precio al que se venderá
a los industriales y a los hogares en el país. A primera vista todo
indica que si se puede reducir “artificialmente” o por decreto el
precio. Sin embargo, cualquier reducción que se proponga, impactará
los ingresos de PEMEX y también los de la SHCP. De igual forma no se
pueden reducir los precios de los otros combustibles (gasolina y
diesel) nada más por decreto. El gobierno hizo un presupuesto y
cuenta con esos ingresos. No se puede reducir los precios sin
compensar a Hacienda por otro lado. Los burócratas como quiera
exigen sus sueldos cada quincena (libre de impuestos nada mas a
ellos) sin retrazo, ¿verdad? En resumen, no se pueden hacer esas
reformas (ni proponerlas y quien lo haga es un populista demagogo) a
precios o esquemas de tarifas públicas sin realizar una reforma
fiscal integral primero.
Hoy algunos hasta afirman que se esta ordeñando a PEMEX, que no
estamos invirtiendo en el futuro, y están en lo correcto. Pero el
problema no es de ahora, sino que viene desde la década de los 70’s
cuando los gobiernos priístas, populistas y demagógicos de esa época
que redujeron los impuestos, crearon muchas áreas en la economía
protegidas, subsidiadas, dieron jugosas prerrogativas a los
burócratas y trabajadores de paraestatales, con tal de mantener el
control sobre el país. Cegados con la repentina abundancia
petrolera, usaron esos ingresos extraordinarios para cubrir gasto
corriente, lo cual fue una locura. Dicha estructura fiscal sigue
hasta nuestros días, donde más del 30% de los ingresos del gobierno
vienen de PEMEX. El 100% del gasto corriente debería ser cubierto
única y exclusivamente con la recaudación por el IVA y por el ISR.
Así debe empezar a diseñarse la reforma fiscal. Los recursos de
PEMEX deberían de usarse única y exclusivamente para inversión en
infraestructura (carreteras, puentes, aeropuertos, puertos, etc.),
en inversión en educación (escuelas, equipo, libros, etc.) y en
investigación y nuevas tecnologías (ciencia y tecnología, energía no
renovable, etc.). ¿Acaso estoy descubriendo el hilo negro? ¿Por qué
a los legisladores no se les ocurren ideas como esta?
No, ellos están preocupados por quién será el candidato en su
partido rumbo al 2006. Se preocupan en que beneficio podrán sacar
del presupuesto para su grupo de poder o sindicato el próximo año.
Están preocupados en como darle en la torre al partido en turno en
el poder para maximizar sus oportunidades de ganar en las
elecciones. Mientras el sistema de partidos en México, mientras la
Ley electoral y la Constitución privilegien a los partidos políticos
como los únicos con acceso al poder, mientras no haya una reforma
que minimice la partidocracia este país seguirá condenado al
retraso, a la mediocridad, al tercermundismo. Urge que los
legisladores rindan cuentas a sus electores de cómo votan en el
Congreso y la reelección es una buena forma para ello. Urge que
existan más legisladores independientes, sin lazos partidistas. Que
cualquier ciudadano con arraigo en su distrito pueda postularse para
diputado local o federal. Urge que los legisladores plurinominales
no sean asignados por las cúpulas partidistas por medio de una lista
donde se reparten huesos sino que sean escogidos entre los segundos
y terceros lugares de los 300 distritos del país. Sin éstos y otros
cambios el Congreso seguirá siendo un botín de los partidos
políticos y la verdad no importará gran cosa quien gane la
presidencia en el 2006.

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